La factura electrónica cambia de calendario: qué significa para empresas y asesorías
La aprobación del reglamento de la factura electrónica obligatoria da más margen para adaptarse, pero también plantea una pregunta: ¿merece la pena esperar?
Cuando se anunció el nuevo calendario de implantación de la factura electrónica, muchas empresas interpretaron la noticia como un simple aplazamiento. En parte es normal: si todavía no existe una obligación inmediata, la sensación es que puede esperar.
Sin embargo, la realidad que estamos viendo es bastante diferente.
En las últimas semanas, muchas de las conversaciones que hemos mantenido con asesorías no han girado en torno a las fechas. Han girado en torno a la preparación.
El mejor momento para adaptarse no suele ser cuando la obligación entra en vigor
Hay cambios normativos que apenas requieren unos ajustes. Otros, en cambio, afectan directamente a la forma de trabajar de las empresas.
La factura electrónica pertenece a este segundo grupo.
No porque emitir una factura vaya a ser más complicado, sino porque obliga a revisar procesos que, en muchos casos, llevan años funcionando exactamente igual.
Cómo se generan las facturas, cómo se envían, cómo se gestionan las incidencias o qué software utiliza el cliente son cuestiones que, tarde o temprano, acabarán sobre la mesa.
Lo que estamos viendo desde Akua
Una de las conclusiones que compartimos con muchas asesorías es que este tiempo extra puede utilizarse para algo mucho más útil que simplemente esperar.
Cada vez son más los despachos que están aprovechando estos meses para identificar qué clientes siguen trabajando con procesos manuales, qué empresas utilizan programas que tendrán que actualizarse y cuáles necesitarán un acompañamiento más cercano cuando llegue el momento.
No se trata de empezar la adaptación mañana.
Se trata de saber qué clientes requerirán más atención y cuáles ya están preparados.
Una oportunidad para hablar con los clientes
Este tipo de cambios también abren una oportunidad para reforzar el papel de la asesoría.
Muchos clientes todavía asocian la factura electrónica a una obligación futura, cuando en realidad es un buen momento para revisar cómo están gestionando su facturación y detectar posibles mejoras.
En nuestra experiencia, estas conversaciones suelen terminar hablando de organización, automatización y simplificación de procesos, más que de la propia normativa.